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Gaceta Clara Zetkin
Una Revista de la NCYT
AÑO 2026 - NÚMERO 3 ABRIL DE 2026
EDITORIAL · DEMOCRACIA EN COLAPSO

¿Democracia para quién?: La Mirada Abolicionista de Angela Davis

La conferencia que Angela Davis impartió en São Paulo, en el seminario "¿Democracia en colapso?" organizado por Boitempo, fué un encuentro de grandes pensadoras en el contexto caótico de post-pandemia. La filósofa estadounidense que comenzó su charla reivindicando los feminismos negros latinoamericanos, inició su recorrido de pensamientos con una pregunta ´Cómo sabe un sujeto liberal-democrático que está libre? Por no estár en la prisión?´, dando paso a un análisis más que enriquecedor de las interelaciones entre el capitalismo y el racismo.

Publicada posteriormente como parte del libro ¿Democracia para quién?, su intervención no es un simple ejercicio académico, sino un diagnóstico urgente y una llamada a la acción que cuestiona las bases esclavistas de la democracia liberal y su negación constitutiva a los derechos y libertades individuales.

La tesis central de Davis es que la democracia no es un proyecto en crisis, sino un sistema que desde su origen ha sido profundamente excluyente. Critica la de añoranza de un pasado 'mejor' o la creencia de que una simple alternancia en el poder resolverá las contradicciones estructurales. Como señala en su intervención, el pasado que algunos líderes anhelan es uno donde los derechos de los negros, indígenas y mujeres eran ignorados. La verdadera batalla, dice Davis, no es restaurar una democracia idealizada, sino imaginar una completamente nueva.

"La democracia no es un proyecto en crisis, sino un sistema que desde su origen ha sido profundamente excluyente. La verdadera batalla no es restaurar una democracia idealizada, sino imaginar una completamente nueva."

El corazón de su argumento es la relación entre la democracia y el sistema penal. Davis sostiene que la prisión no es una anomalía, sino la "prueba negativa" de la libertad en el proyecto liberal; la excepción que confirma la regla de una libertad concedida solo a unos pocos. Esta institución, forjada en el crisol de la supremacía blanca y el capitalismo, se convierte en el mecanismo perfecto para gestionar a quienes quedan fuera de la promesa democrática: las comunidades pobres, racializadas y feminizadas.

En su conferencia, Davis le recordó al público que Brasil posee la tercera mayor población carcelaria del mundo, y que la hegemonía de las prisiones puede incluso ser presentada como un signo de que la democracia está floreciendo, en una clara inversión de los valores que deberían cultivarse en una sociedad libre. Para ilustrarlo, puso a escena un episodio ocurrido en Pará, donde la policía militar desnudó a reclusos y los obligó a cantar el himno nacional mientras grababan la humillación con sus teléfonos. Esta escena, dice la filósofa, recuerda el motín de Ática en 1971 donde los presos de una cárcel de Nueva York fueron masacrados y los sobrevivientes obligados a arrastrarse desnudos de vuelta a sus celdas. Y esta similitud, dice Davis, no es casual, sino que revela una gramática común de la crueldad estatal que cruza fronteras y épocas, y que convierte la tortura y la humillación en herramientas de gestión social.

"La prisión no es una anomalía, sino la 'prueba negativa' de la libertad en el proyecto liberal; la excepción que confirma la regla de una libertad concedida solo a unos pocos."

Desde este análisis de la crueldad, Angela retoma su planteo histórico: el abolicionismo penal. Según la pensadora, reformar la prisión es insuficiente, y solo perpetúa el espejismo de su hegemonía. La abolición de las prisiones, por otro lado, se presenta como un proyecto de reconceptualización de la democracia misma. Implica imaginar una sociedad que no necesita de la coerción estatal y el encarcelamiento masivo para resolver sus conflictos, una sociedad que ataca las raíces de la desigualdad económica y racial. Según Davis, la abolición no se trata de una utopía ingenua, sino de una necesidad práctica para desmantelar las estructuras que perpetúan la desigualdad.

La interseccionalidad es el método que guía esta crítica. No se puede entender la violencia del sistema penal sin analizar cómo el racismo, el capitalismo y el patriarcado se entrelazan para producir y castigar a las poblaciones más vulnerables. Davis lo resumió con una frase que resonó entre el público: "Cuando las mujeres negras avanzan hacia la libertad, no se representan solo a sí mismas". El terror racista, que ella conoció en su infancia en Birmingham, no es un fenómeno del pasado, sino que se ha institucionalizado en el sistema legal y carcelario.

Evocando a Marielle Franco —"sabía que la libertad es una lucha constante"Davis nos deja una propuesta de "democracia de la abolición" y nos recuerda que la lucha contra la desigualdad racial es inseparable de la lucha contra la explotación capitalista y la violencia estatal. Está gran pensadora nos hace una invitación a la resistencia intelectual y política para construir un mundo donde la justicia no sea sinónimo de castigo, y donde la libertad no sea un privilegio, sino una conquista colectiva y cotidiana.