Gaceta Clara Zetkin
Una Revista de la NCYT
AÑO 2026 - NÚMERO 6 SEPTIEMBRE DE 2026
Entrevista

Escritoras en la Argentina de los años 70: investigar un pasado que aún interpela

AAgustina Catalano es una de lxs 400 becarixs postdoctorales despedidos por el CONICET en julio de este año. Durante su beca, radicada en la Universidad Nacional de Mar del Plata, investigó las escrituras y producciones artísticas de mujeres que fueron secuestradas y desaparecidas por la última dictadura militar en nuestro país. Esta investigación postdoctoral se publicará en los próximos meses por la editorial Tren En Movimiento, con el título Las armas cotidianas. Escritoras argentinas entre revoluciones y dictaduras .

SRO: De cara a un nuevo Encuentro Plurinacional de las Mujeres y también considerando el contexto actual de violencia y hostilidad contra las personas que hacen ciencia pública en la Argentina, queríamos saber de tu investigación, cómo llegaste a la obra de las autoras que estudias y quiénes son:

Agustina: Bueno, desde mi tesis doctoral que vengo estudiando la literatura argentina en el enclave histórico de los años sesenta y setenta. En mi tesis doctoral trabajé sobre un editor, poeta y militante del PRT-ERP, Roberto Santoro, que también fue víctima del terrorismo de Estado, que dejó una obra prolífica, heterogénea, muy interesante para pensar algunos problemas de ese periodo en torno a la relación entre la literatura y la político que se han leído desde posiciones quizás algo esquematizadas. Siempre me interesó hacer foco en este tipo de obras que el poder militar, en este caso, intentó silenciar, obras que habitaron durante mucho tiempo los márgenes. En particular lo que sucedió con muchas obras producidas durante la dictadura, sobre todo de quienes no tenían entonces un nombre de autor o habían publicado antes en vida, es que con la recuperación democrática, y al calor de las luchas y del movimiento de Derechos Humanos, los textos producidos por las víctimas aparecían en antologías y compilaciones que tenían ese criterio de reunión: el hecho de ser doblemente escritores y desaparecidos. Así empecé a rastrear la presencia de mujeres en esas antologías y a indagar en trayectorias individuales de cada una. La pregunta inicial que me hice era si de alguna manera había una perspectiva distinta de las mujeres en relación con la lucha armada, la militancia revolucionaria y luego la vida bajo ese terror militar, algo que se había estudiado en profundidad desde disciplinas como la historia o la sociología, sobre todo en testimonios, pero que había sido escasamente analizado en obras literarias. Leí muchas de esas escritoras, la mayoría también militantes, armé un corpus y fui trazando algunas hipótesis de lectura. La serie quedó compuesta por las poetas Ana María Ponce, Mónica Morán, Luisa Córica y Rosa María Pargas. Pero, nobleza obliga, hay muchas más y muy buenas.

SRO: ¿Y qué respuestas encontraste a esa pregunta?

Agustina: En principio las escrituras de mujeres abordan tópicos que no suelen aparecer en las zonas más leídas de la literatura de esa época. No por nada son, a su vez, los temas usualmente atribuidos al universo de lo femenino, incluso todavía hoy: el amor, la pareja, la sexualidad, la maternidad, lo doméstico, el cuerpo. En el abordaje poético de esos temas y su vinculación con lo político hay mucho para desentrañar. Y lo que me parece más relevante es que echa luz o nos ofrece una mirada renovada sobre los setenta, que fueron muy leídos desde las figuras del sacrificio militante, la entrega física, el ideario bélico, el heroísmo revolucionario, la violencia. Y aquí todo eso está, no se trata de un corpus contra-hegemónico, mucho menos contrarrevolucionario, o que cuestiona abiertamente ese universo masculino de la lucha y la guerra revolucionaria, sino que justamente enriquece y amplía ese conocimiento que ya tenemos, expande sus sentidos, nos muestra el revés emotivo, en cierta forma, la parte subjetiva, las contradicciones, los dilemas. Cada una a su manera, con su estilo propio y con la circunstancia particular en la que le tocó escribir, problematizan, complejizan y resignifican esos temas: qué hace una madre inmersa en la violencia revolucionaria, qué poder tiene la literatura en un contexto tan terrible, de persecución y muerte, cómo llevar adelante una familia, una pareja, en esa coyuntura, cómo lidiar con los miedos, el dolor, el sufrimiento y cómo hacer espacio para la alegría, la risa, el deseo.

SRO: ¿Cómo es la parte práctica o más bien metodológica de investigar esta literatura? ¿Cómo fue el proceso de rastreo, recopilación y análisis de los textos?

Agustina: Un primer aspecto que me parece importante destacar es que la gran mayoría de quienes nos dedicamos al estudio de la literatura argentina tenemos en común el hecho de ir haciendo o construyendo archivo mientras investigamos. Quiero decir que no solemos partir de un corpus de documentos o textos ya dado y entonces vamos a los archivos o fondos, sacamos las piezas y listo, sino que hay atrás toda una labor casi de hormiga, se podría decir, de búsqueda, relevamiento, conservación, entrevistas, etc., para componer ese cuerpo de textos sobre los cuales después se lleva adelante el trabajo analítico. Y esa tarea detectivesca, que implica muchas veces viajar, desplazarse, entrevistar a distintas personas, visitar diversas bibliotecas, editoriales, archivos personales, familiares, etc., y lleva mucho tiempo y nunca es una tarea individual y solitaria, sino que es ante todo colectiva y muy solidaria, siendo que nos vamos nutriendo de los aportes y recorridos que otrxs hicieron y así podemos armar nuestros corpus de investigación. En lo que refiere a este trabajo en concreto, las producciones de personas que fueron víctimas del terrorismo de Estado tiene un especial desafío en cuanto a la conservación de las fuentes porque se trata de vidas y obras que fueron arrancadas, violentadas, que se buscó directamente silenciar y ocultar. Y muchas veces se da como una oscilación entre familiares y víctimas que han conservado todo cuanto han podido y están muy dispuestas y entusiasmadas con la socialización de esos materiales, y otros casos donde es apenas una parte pequeña lo que se pudo guardar, donde también hay quienes eligen el silencio o no involucrarse con una apertura y un trabajo con esos documentos, y bueno, cada situación es distinta y presenta sus dificultades y tiene sus retos. Por eso es tan necesario trabajar de manera integral, interdisciplinariamente y apostando a los lazos y el apoyo entre investigadores y entre investigaciones. El corpus de escritoras que fueron asesinadas y/o desparecidas por la dictadura militar es bien amplio y heterogéneo, a lo largo de todo el país y con diferentes apuestas estéticas y experiencias de sus autoras. Inclusive, hay todavía muchas voces de personas desaparecidas que escribieron o produjeron obras artísticas que permanecen desconocidas. Hace poco, por ejemplo, salió a la luz un libro de poemas de quien fue decana de la facultad de Humanidades de la Universidad de Mar del Plata, la “Coca” Maggi, asesinada por la CNU en la misma ciudad. Siempre el recorte supone un problema, porque queda mucho afuera, pero también es necesario porque el trabajo concreto supone objetivos y plazos específicos.

SRO: ¿Y qué tienen en común estas escritoras, en qué se diferencian?

Agustina: Creo que hay algo productivo de trabajar con un corpus de escritos y no con autores de manera puntual que permite justamente observar esa riqueza de aquello que hay en común y de los puntos de divergencia. Todas más o menos coinciden en algunos hitos biográficos, como la maternidad, la docencia, todas ellas fueron militantes o estudiantiles o barriales o en sindicatos, en sus lugares de trabajo, la mayoría desarrollaron la docencia. Y en el ejercicio de la literatura, la escritura, que está presente siempre y que acompaña la vida. Vidas que eran, en algunos casos, muy breves, pero muy intensas, cargadas de pasión, entusiasmo, movimiento. Casi todas desarrollaban varias actividades al mismo tiempo y la mayoría con mucho compromiso. A veces significaba pasar un tiempo en la cárcel, criar los hijos, los propios y los de otras compañeras. Algunas escribieron en cautiverio como Ana María Ponce, cuyos poemas fueron escritos en la ESMA, donde estuvo secuestrada entre el 77 y el 78, y que sobrevivieron gracias a sus amigas y compañeras sobrevivientes. Otras escribieron en cuadernos personales, en talleres literarios a los que asistían, en la cárcel como Rosa María Pargas, o en las horas de descanso entre el trabajo, el estudio o la maternidad, como en el caso de la actriz y gremialista Luisa Córica, o la titiritera y docente Mónica Morán. Pero después en su poesía, cada una asume una posición diferente, construye su propio imaginario, aunque haya puntos de coincidencia. En todas creo que, en líneas generales, hay algo de picardía, de erotismo, de ternura y risa en medio del horror, de abordar la deshumanización y el dolor desde un lugar que no es elegíaco ni grandilocuente sino que se focaliza más bien en lo simple, lo afectivo, los detalles y la vida, fundamentalmente, en la vida.

SRO: Un tema recurrente entonces, como señalas, es la maternidad… que está, de alguna manera, siempre en agenda. Ahora, por ejemplo, en relación con la baja de natalidad o con la irrupción de las "tradwives"… Discusiones donde se vuelve a poner el foco en las mujeres, sus cuerpos, sus derechos y sus elecciones. Parece que siempre somos las mujeres las que debemos dar explicaciones o soluciones. ¿Qué imágenes de la maternidad construyen estas poetas? ¿Ves vinculaciones con estas problemáticas del presente?

Agustina: Las poetas que investigué toman el tema de la maternidad atravesada de manera muy estrecha por la militancia y la expectativa de una transformación radical del mundo. Sin embargo, cada una presenta una faceta o una dimensión distinta de esa maternidad: a veces, vivida colectivamente como parte de esa visión utópica de una sociedad nueva o como una tarea más que los sujetos revolucionarios debían encarar, otras veces aparece de modo más íntimo y personal, como un acto de amor, que responde a un deseo y no a un mandato o una convicción. Lo que resulta llamativo es que en casi todos los casos hay una subversión de las expectativas y las normas sociales de la época sobre las mujeres. Las imágenes de mujeres y de madres que se configuran en los textos ponen en entredicho la imagen del “ángel del hogar”, de la esposa buena y pasiva, que se ocupa de lo doméstico, que atiende y comprende, sino que nos devuelven imágenes de mujeres comprometidas políticamente, que hacen de padre y madre a la vez, que disfrutan sus quehaceres cotidianos, que vivencian con el cuerpo y con la cabeza la maternidad, que son parte de un engranaje mayor, social, político, histórico, y que en definitiva no se puede hablar de maternidad y de mujer en singular. Esto es algo que creo sigue vigente hoy y se relaciona con lo que traes, de esta aparente vuelta de un deber-ser muy fuerte en relación a la mujer como reproductora y garante de la familia. La literatura, la poesía en este caso, abre signos de interrogación sobre eso, igual que la militancia que llevaban adelante las autoras: por qué una familia, un hijo, una pareja, para qué fines, y lo más importante, el cómo.

SRO: A diferencia de lo que muchxs piensan o desean, de dejar atrás o "pasar página" con los años setenta, hoy diríamos que están bien presentes en la discusión pública, como un pasado en disputa constante. ¿Cómo ves que nos interpela hoy esta historia? ¿Qué resonancias tienen estas obras en el presente?

Agustina: Quizás parece una obviedad, pero hoy no lo es tanto, el hecho de que el pasado nos interpela todo el tiempo, en tanto necesitamos conocerlo, en toda su complejidad y con sus infinitos matices, porque es parte nuestra, nos constituye y a la vez a través de ese pasado podemos pensarnos, en el presente y también mirar hacia adelante. Los setenta en particular y sobre todo la dictadura del 76 representan un momento altamente sensible y complejo de nuestra historia y para nada agotado, en relación a lo que sabemos y lo que ignoramos, pero sobre todo a lo que necesitamos seguir rediscutiendo y repensando y que se impone una y otra vez en la escena pública. Hoy estamos en un momento en el que este pasado, como decís, está en disputa y está siendo usado por la derecha para su supuesta “batalla cultural”. Yo pienso que lejos de concebirlo meramente como una afrenta, que solo nos causa indignación y enojo, podríamos verlo como oportunidad para volver a discutir ese pasado, poner en tensión los lugares comunes y reflexionar colectivamente, poniendo en valor escritos e intervenciones como estas, incorporándolas a la conversación. En ese sentido, la literatura y la función de una ciencia pública, para mí tienen que ver con propiciar esas discusiones, con ofrecer herramientas y socializar materiales para pensar y articular el pensamiento y las ideas en relación con los acontecimientos de ese pasado, evitando cristalizaciones y sentidos unívocos. Las voces de estas mujeres hablan de ese pasado y, como decía, nos permiten un acercamiento renovado desde la poesía, lo que supone en cierta forma un cruce singular entre el testimonio y el documento con la ficción y la retórica poética. Pero no es un pasado fosilizado, en la medida en que los interrogantes sobre los que gira esa literatura son bien actuales: cómo entendemos la política y el rol de los afectos, cómo pensamos el lugar de las mujeres, las madres, las cuidadoras, en esa política, cómo concebimos la resistencia en tiempos oscuros, de qué elementos, materiales y simbólicos, nos valemos para contrarrestar la violencia contra nosotros, qué lenguaje empleamos, qué palabras. Todas preguntas que me parece es necesario volver a hacer y responder, con creatividad, claro, pero sin desentendernos de experiencias pasadas.


Biografía de las protagonistas

  • Agustina Catalano es profesora y licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Mar del Plata y doctora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Es autora de Puede brotar el fuego o la hermosura. Literatura, política y edición en la obra de Roberto Santoro (Alción, 2023). Ha publicado además artículos en revistas nacionales e internacionales y capítulos en libros colectivos acerca de las relaciones entre literatura, política, memoria y cultura de izquierdas.

  • Silvana Rodríguez Oro es Diseñadora en Comunicación Visual egresada de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Es docente en la misma facultad y forma parte del espacio Neurodivergentes en la UNLP. Es diseñadora freelance y se especializa en diseño editorial.