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Una Revista de la NCYT
AÑO 2026 - NÚMERO 1 ABRIL DE 2026
FÚTBOL · POLÍTICA · ECONOMÍA

La institucionalidad del fútbol y los torneos comerciales: dos caras burguesas de un mismo negocio

Coproducción burguesa, crisis de ligas y posibles reversiones obreras

“El jugador dicen que solo tiene que jugar. No puedes pensar, ni participar, nada. No puedes ir a un bar a tomar una cerveza con amigos, no puedes ir a ver un show, una película, y mucho menos tener una opinión política. Porque todos saben que el jugador tiene una tremenda ascendencia política. Solamente el mismo jugador no lo sabe. Y siempre podan en la raíz. Si reaccionas, pierdes tu trabajo. Y si los máximos dirigentes lo quieren, ya no juegas en ningún lado”.

Sócrates, jugador histórico del Corinthians y la selección de Brasil

Este artículo parte de la hipótesis de que la institucionalidad futbolística y los torneos comerciales no institucionales se encuentran bajo la dirección de distintas fracciones de una misma burguesía. En este sentido, más que disputar consumidores o problematizar sus efectos deportivos y sociales, ambas esferas articulan mecanismos convergentes de acumulación y reproducción del capital. Los reiterados antecedentes históricos en los que la institucionalidad del fútbol y las corporaciones han establecido vínculos de negocio forman parte de un sentido común ampliamente extendido. En el plano internacional, basta remitirse a lo evidenciado por las investigaciones judiciales en el denominado caso “FIFA-Gate”. Ahora bien, este trabajo se propone analizar cómo, en los últimos años, la coexistencia entre el crecimiento de los torneos comerciales y el deterioro de las ligas oficiales —amateurs o semiprofesionales— no constituye un fenómeno aislado (como podría sugerir la relación entre la Copa Potrero y las divisiones de ascenso del fútbol argentino), sino la expresión de una misma lógica de dirección y hegemonía que atraviesa los distintos niveles de organización del fútbol.

Esta lógica se legitima normativamente bajo la premisa de que la estructura federativa orienta el crecimiento y la expansión del fútbol en sus distintos niveles y categorías, mediada por la participación de los clubes. Sin embargo, en la práctica, dicha institucionalidad tiende a concentrar posiciones de poder con rasgos cercanos a la autocracia, desde las cuales se habilita la realización de negocios particulares y se prioriza la gestión de aquellos segmentos que ofrecen mayor rentabilidad económica. En este sentido, el interés por el control institucional del fútbol no responde a una finalidad deportiva general, sino a la posibilidad de articular negocios privados en torno a la élite competitiva y al fútbol-espectáculo. Así, la promoción, el crecimiento y el desarrollo futbolístico operan como estrategias discursivas de legitimación de un orden que, lejos de revertir las desigualdades estructurales del sistema, las profundiza.

En este marco, la institucionalidad del fútbol argentino no solo omite problematizar el deterioro de sus ligas y el crecimiento de los torneos comerciales, sino que participa activamente en la producción y reproducción de este proceso. Se entiende por institucionalidad futbolística al conjunto de organismos del ámbito privado que ejercen funciones de regulación, dirección, organización y promoción del fútbol, entre los que se incluyen la FIFA, las confederaciones, las asociaciones nacionales y sus ligas oficiales. En el marco de este trabajo, adquiere especial relevancia la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) como órgano rector del fútbol argentino.

Las principales responsabilidades de estos organismos futbolísticos se centran en garantizar la organización sistemática de la competencia, la regulación arbitral y las condiciones materiales para el desarrollo de las distintas categorías. Esta estructura institucional se organiza de manera jerárquica, apoyándose en los clubes —constituidos como asociaciones civiles— como base material y normativa del sistema, a la vez que administra y distribuye los ingresos generados entre las entidades participantes.

"La institucionalidad futbolística tiende a concentrar posiciones de poder con rasgos cercanos a la autocracia, desde las cuales se habilita la realización de negocios particulares y se prioriza la gestión de aquellos segmentos que ofrecen mayor rentabilidad económica."

Coproducción burguesa

Ante cualquier reconocimiento de la degradación actual de las ligas en Argentina, la dirigencia de la institucionalidad futbolística suele señalar factores sociales como causa principal. Es decir, el declive es presentado como un problema externo, como si el fútbol estuviera escindido de la sociedad y no fuera, a la vez, productor de esas mismas condiciones. De manera similar, se apela al argumento monetario, centrado en el desfasaje de la moneda nacional frente a divisas extranjeras. Sin embargo, este planteo pierde consistencia si se considera la posibilidad de articulación con el Estado en función de intereses colectivos. Las experiencias históricas muestran que dicha articulación ha existido, pero no en favor del sector trabajador del deporte, sino en beneficio de las élites burguesas vinculadas al fútbol.

Ahora bien, ¿de qué manera la institucionalidad futbolística coproduce esta crisis? En primer lugar, mediante la reproducción de explicaciones que desplazan la responsabilidad hacia factores ajenos a sus propias decisiones políticas. En segundo lugar, a través de prácticas concretas en las ligas amateur y semiprofesionales. Por ejemplo, los árbitros optan por dirigir en torneos comerciales en busca de mejores condiciones laborales. Asimismo, los períodos vacantes del calendario —como recesos invernales, estivales o fines de semana largos— no son aprovechados para organizar competencias oficiales que podrían fortalecer tanto lo deportivo como lo económico de los clubes. En su lugar, proliferan torneos por fuera de la estructura formal, muchas veces impulsados por sectores vinculados a la propia dirigencia institucional.

De este modo, se favorece la concentración de ingresos en entidades particulares en detrimento del conjunto de los clubes, contraviniendo el principio de redistribución que debería garantizar una organización federativa. A esto se suma que numerosos participantes de las ligas oficiales no se constituyen como clubes con arraigo social y producción colectiva de trabajo, sino como estructuras formalmente inscriptas —asociaciones civiles, academias privadas o dispositivos cercanos a sociedades anónimas deportivas— que acceden al circuito competitivo a partir de vínculos políticos con la institucionalidad.

DATOS DE LA CONCENTRACIÓN

+70% de los ingresos televisivos en Argentina se concentran en los 5 clubes de mayor poderío económico.

45% de los árbitros de ligas del interior complementan sus ingresos dirigiendo torneos comerciales privados.

8 de cada 10 futbolistas de categorías semiprofesionales no reciben remuneración mensual regular en sus clubes de origen.

Fuente: Relevamiento propio CICES-IDIHCS (2023-2025)

En estos casos, la lógica predominante es la valorización privada: explotación del trabajo, captación de jugadores y acumulación de capital en manos de actores ajenos a los productores reales del fútbol —jugadores, entrenadores, árbitros y trabajadores de los clubes—. En paralelo, muchos futbolistas que no perciben remuneración en las ligas oficiales optan por competir en torneos comerciales, donde encuentran mejores condiciones materiales: arbitrajes más confiables, mayor exigencia competitiva y mejores infraestructuras. En esta misma línea, el crecimiento del fútbol femenino en el ámbito comercial se vincula directamente con su relegamiento sistemático dentro de la estructura institucional, donde los recursos —canchas, arbitrajes, financiamiento— se concentran en el fútbol masculino.

Más allá de la permisividad frente a estos circuitos paralelos, la coproducción de la crisis se evidencia en la unidad de intereses de los actores que operan simultáneamente dentro y fuera de la institucionalidad, bajo una misma lógica hegemónica. La ausencia de políticas orientadas al fortalecimiento del fútbol en su conjunto no solo no limita estos procesos, sino que los habilita y potencia. En suma, la crisis de las ligas y la expansión de los torneos comerciales no son fenómenos independientes, sino el resultado de la acción de la clase dominante del fútbol, cuyos agentes actúan de manera articulada —tanto dentro como fuera de las estructuras formales— en función de intereses corporativos comunes.

Posibles reversiones obreras

Ante este escenario, cabe preguntarse: ¿cómo podría revertirse esta situación promovida por la burguesía inserta en el fútbol? Para ello, resulta fundamental avanzar en un abordaje que articule dimensiones epistémicas y políticas del fútbol y su institucionalidad. En esta línea, definir el concepto y la función de sus instituciones constituye un punto de partida clave para la construcción de un programa orientado a un fútbol digno para las mayorías, aun cuando esta tarea teórica suele ser subestimada.

La fuerte carga emocional asociada a este deporte tiende a opacar la necesidad de su conceptualización y de la problematización de sus estructuras, así como de su papel en la producción de sentido social. Por ello, en términos educativos y políticos, se vuelve central promover instancias de reflexión que permitan a quienes participan en el fútbol reconocer qué instituciones lo organizan, cómo se configuran y cuáles son sus funciones.

"El fútbol puede ser comprendido tanto como un bien común —en tanto práctica social que habilita la vida colectiva— como un productor de riqueza —en tanto actividad que genera valor y sostiene condiciones materiales de existencia."

En este sentido, es posible identificar tres dimensiones centrales a desarrollar:

En primer lugar, se insiste en la principal función de estas instituciones: la promoción, organización y desarrollo del fútbol en todos sus niveles y categorías. Es decir, tienen la obligación tanto de garantizar la sistematicidad y regularidad de las competencias en los diferentes niveles, sin distinción de género, como de generar las condiciones materiales para su reproducción (árbitros, transporte, canchas, infraestructura, entre otros). En la medida en que esto se cumpla de manera sostenida, evitando discontinuidades o vacíos organizativos, los torneos que se desarrollan por fuera de lo institucional reducirían su incidencia en este campo social, al no encontrar espacios vacantes o desregulados.

En segundo lugar, una vez definida la función de la institucionalidad futbolística, resulta fundamental precisar qué es lo que estas instituciones gestionan. En este sentido, el fútbol puede ser comprendido tanto como un bien común —en tanto práctica social que habilita la vida colectiva— como un productor de riqueza —en tanto actividad que genera valor y sostiene condiciones materiales de existencia. Dada su amplia legitimidad social y popularidad, el fútbol constituye un espacio privilegiado para la producción de lo social y de riqueza. En consecuencia, su distribución debería orientarse en favor de sus productores directos: los trabajadores del fútbol que participan en cada club. La institucionalidad futbolística tiene la responsabilidad de garantizar tanto esta producción como su distribución, en articulación con el Estado y los clubes. Esto vuelve central la participación activa de los socios y la intervención de un Estado que coloque al conjunto de los trabajadores como eje de su política, asegurando que el fútbol se configure efectivamente como un bien común y no como una práctica restringida a sectores privilegiados.

En tercer lugar, el fútbol debe ser comprendido como un espacio de disputa por la hegemonía, lo que implica problematizar las tendencias a la concentración de recursos y poder. En este marco, se vuelve central promover mecanismos de distribución de ingresos y de condiciones de competencia más equitativas, así como una gestión que coloque al desarrollo del fútbol —su expansión y problematización— en el centro de su accionar, orientada al beneficio de la mayoría social. Dado que el campo futbolístico se estructura a partir de asociaciones e instituciones, adquiere especial relevancia el compromiso activo y organizado desde los clubes, particularmente en sus espacios de decisión, donde se define en gran medida la orientación política y epistémica del deporte en el plano federativo. Asimismo, considerando la centralidad social del fútbol, resulta imprescindible comprender y fortalecer la articulación entre estas entidades y el Estado, especialmente en lo que respecta a la regulación, la redistribución y la garantía de condiciones más equitativas, incluyendo criterios más justos en la distribución de ingresos entre clubes.

Esta articulación contribuye a limitar los procesos de concentración económica y la creciente injerencia de agentes privados en el campo deportivo. En este sentido, favorece una distribución más equitativa de oportunidades y recursos, consolidando un modelo de desarrollo menos concentrado y más integrado entre sus distintos niveles. No se trata únicamente de disputar la conducción a una fracción reducida de la burguesía, sino de fortalecer estructuralmente al conjunto del fútbol argentino. En la medida en que la gestión sitúe al fútbol como eje de su accionar, se jerarquizan y consolidan los niveles amateur y semiprofesional, ampliando la base social y deportiva que sostiene al fútbol de primera división. De este modo, la élite competitiva deja de depender exclusivamente de lógicas empresariales para nutrirse de un entramado institucional más robusto. El resultado es una estructura más equitativa del sistema, junto con una mejora sostenida en la calidad del deporte.

El trabajo colectivo desde los clubes, la formación crítica de los futbolistas, la alianza con el Estado para garantizar condiciones mínimas y la denuncia permanente de la lógica de negocios depredadora son las herramientas que permiten construir alternativas concretas. No se trata de reformas cosméticas: se trata de desmontar la coproducción burguesa y construir institucionalidad popular. Las ligas comerciales no son competencia desleal sino síntoma de una misma enfermedad política. El desafío está en organizar la reversión desde abajo, con los trabajadores del fútbol como protagonistas. Contra el negocio y la autocracia dirigencial, el poder de los clubes y la comunidad.

Por un fútbol al servicio de sus trabajadores y no del capital.


Referencias y notas

  • FIFA-Gate: investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos (2015) que evidenció vínculos entre dirigentes futbolísticos y empresarios del marketing deportivo.
  • Copa Potrero: torneo comercial de fútbol amateur en Argentina que creció durante la crisis de las ligas oficiales de ascenso.
  • Entrevistas a referentes de clubes de barrio y jugadores de divisiones inferiores (2024-2025), CICES-IDIHCS, UNLP-CONICET.
  • Informe sobre distribución de recursos en AFA: Asociación del Fútbol Argentino, memorias y balances 2020-2025.

* Este artículo se basa en investigaciones en curso del Centro Interdisciplinario Cuerpo Educación y Sociedad, con trabajo de campo en ligas del interior bonaerense y Gran La Plata.