En la etimología de la palabra, encuentro significa ir en contra. Oponerse, desplazarse en la dirección contraria. Trazar un recorrido diferente, podríamos agregar, al que nos impone este presente gobernado por una derecha cada día más hostil con las mujeres, las trabajadoras. Juntas. En las calles, en las asambleas y en los talleres de este nuevo Encuentro Plurinacional de las Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, que se realizará los días 10, 11 y 12 de octubre en Córdoba. Allá vamos, para poner en palabras y acciones los futuros que aún nos quedan por construir. Futuros donde ninguna trabajadora de la ciencia y técnica sea perseguida por su trabajo, donde nuestras pibas puedan salir a la calle sin miedo a ser despedidas del trabajo por nuestra condición de mujer, a ser reprimidas por reclamar nuestros derechos, o a ser atacadas por la violencia machista que fomenta el régimen gobierno.
Como señaló Silvia Federici, el capitalismo no solo explota el trabajo asalariado en la fábrica: se sostiene sobre la apropiación gratuita del trabajo reproductivo, ese "trabajo no remunerado" que las mujeres realizan en el hogar, en los barrios y también en los laboratorios y las instituciones públicas. El ajuste lo vivimos día a día en nuestros cuerpos, y forma parte de la misma lógica que pretende silenciarnos y subordinarnos. Porque, cuando las mujeres dejamos de ser dóciles proveedoras de cuidado y nos convertimos en sujetos que preguntan lo que incomoda, el ajuste nos castiga con más crudeza. El control sobre los cuerpos y los saberes de las mujeres fue —y continúa siendo— una dimensión central de las relaciones sociales sobre las que se sostiene la acumulación capitalista. Hoy ese control avanza con cada DNU, en cada sumario, en cada beca denegada.
Porque este gobierno no solo nos quiere calladas, nos quiere agotadas. Nos quiere ocupadas en sobrevivir, resolviendo con nuestros cuerpos lo que el Estado desfinancia, para que no nos queden fuerzas para organizarnos. Pero justamente ahí, es donde el encuentro se vuelve imprescindible. No como refugio, sino como herramienta. No como pausa, sino como plataforma. Los Encuentros no borran las diferencias ni los conflictos, los ponen sobre la mesa, los hacen discutibles, los vuelven colectivos. Y en ese gesto hay una potencia que el ajuste no puede confiscar. La potencia de nombrar juntas lo que nos pasa y transformarlo en demanda, en proyecto, en horizonte.
Hace apenas unos días conocimos la noticia del pedido de exoneración de Virginia Aparicio, científica del INTA, perseguida y censurada por investigar el uso de plaguicidas en nuestro país. Meses atrás, acompañamos la lucha de Josefina Buonocuore, investigadora del CONICET, a quien Unión Personal negó sistemáticamente la cobertura de medicamentos oncológicos. A esto hay que sumar las compañeras becarias que esperan hace años el alta en el organismo, o que se han quedado sin beca, producto del ajuste y la falta de respuestas del CONICET, muchas de ellas embarazadas o atravesando problemas de salud. Las mujeres y las disidencias no tenemos más margen para seguir soportando el ajuste. Somos quienes sostenemos los cuidados que el Estado abandona, quienes cargamos con la precarización de becas y contratos a término, como es el caso de las trabajadoras del sector de gestión y administración, y somos quienes más padecemos cada ataque a la ciencia y a nuestros trabajos. Por eso ninguna de estas historias es un caso aislado ni una desgracia individual, sino que responden a un mismo mecanismo y patrón que castiga a quienes investigamos con compromiso, a quienes gestamos o nos enfermamos, a quienes preguntamos lo que incomoda.
Por eso ninguna de estas historias es un caso aislado ni una desgracia individual, sino que responden a un mismo mecanismo que castiga a quienes investigamos con compromiso, a quienes gestamos o nos enfermamos, a quienes preguntamos lo que incomoda.Por eso más que nunca urge encontrarnos. No para resignarnos a administrar la miseria que nos imponen, sino para organizarnos y enfrentarla. Este Encuentro tiene que ser un espacio para poner en común nuestras luchas y construir una respuesta colectiva frente al ajuste, la precarización, la violencia y todas las formas de opresión que el capitalismo y el patriarcado reproducen. Las mujeres y las disidencias de la ciencia, de la universidad, de los barrios y de cada lugar de trabajo tenemos mucho que discutir y, sobre todo, mucho que organizar y conquistar.
Vamos a Córdoba para hacer oír nuestras voces, fortalecer nuestras luchas y construir una salida desde abajo, independiente de los gobiernos y de quienes pretenden que paguemos la crisis que ellos mismos generan. Porque si el capital y el poder político nos quieren aisladas y agotadas, nosotras respondemos encontrándonos, organizándonos y luchando juntas.
¡No a la exoneración de Virginia Aparicio!
¡Basta de persecución a las trabajadoras!