Gaceta Clara Zetkin
Una Revista de la NCYT
AÑO 2026 - NÚMERO 7 OCTUBRE DE 2026
ARTÍCULO · TECNOLOGÍA

La "IA" no existe

En estos últimos meses no hemos dejado de hablar sobre la "IA". Se ha colado en la discusión pública y privada, en los debates políticos, en los hilos del ciberespacio, en las charlas académicas y de café. Suele entrar de la mano una noticia apocalíptica, que luego se diluye, pierde efecto y se normaliza, dejando el terreno preparado para la siguiente amenaza, un poco más aterradora que la anterior, un par de semanas más tarde.

Así hemos pasado de la fascinación del juguete nuevo a la puesta en duda y desinflamiento de la burbuja1, de anuncios de inversión en centros de cómputo a la certeza de la pérdida de puestos de trabajo2 y perturbación de la vida3, de promesas grandilocuentes sobre la resolución de los grandes problemas de "la humanidad", al desenmascaramiento y la complicidad de las empresas con el genocidio4 y los sistemas de hipervigilancia56.

Nos reconocemos ante una incesante campaña de (anti)marketing escatológico, lanzada desde las propias empresas de "IA", una campaña infantilizante en la que sus portavoces al mismo tiempo advierten sus propias negligencias pero rechazan cualquier tipo de responsabilidad. Una narración exasperante en la que la arrogancia genialidad de unos pocos CEOs no puede ser contenida más que por agentes externos7.

Esta campaña agota, pero nos continúa interpelando. Por eso, no vamos a derrochar más tinta en enumerar estas noticias-tendencia, cuyo ritmo es imposible de seguir. La intención de este texto es otra, es interpelar con más preguntas que certezas a quienes producimos y reproducimos estos discursos: ¿por qué si no hay dudas de que estamos ante algo que amenaza nuestra existencia, seguimos avanzando como si nada? ¿Por qué nos continuamos viendo tan impotentes? ¿Por qué aún desde una perspectiva crítica, terminamos replicando los mensajes apocalípticos o tecnooptimistas que nos proponen? ¿Por qué no podemos abandonar el supuesto de que no hay más alternativa8 que usar la "IA"? O incluso: ¿Por qué no podemos siquiera discutir su significado, su existencia o su materialidad?

La inteligencia artificial: un campo de conocimiento (en discusión)

Empezamos por la última pregunta: ¿qué es la "IA"?

Ésta suele ser presentada como una tecnología: la aplicación más o menos sistemática de conocimientos (científicos o no), herramientas y técnicas para un determinado fin. Y en alguna medida esto es cierto: la inteligencia artificial es un campo de conocimiento dentro del área de ciencias de la computación, casi tan antiguo como ésta, con aportes de las áreas de la lingüística, la filosofía, la sociología, entre otras. Su objetivo ya de por sí es difícil de mensurar: el desarrollo de sistemas capaces de razonar, en mayor o menor medida, imitando las capacidades humanas.

Dentro de la inteligencia artificial se enmarca la subárea del aprendizaje automático, que trata de construir sistemas capaces de "aprender" reglas a partir de ejemplos. Y una de sus técnicas es la de redes neuronales, inspirada vagamente en la representación de una neurona. Ésta también tiene una larga historia de más de 40 años, pero cobró renovado interés en las últimas dos décadas gracias a la investigación y al aumento y abaratamiento de la capacidad física de cómputo: más y mejor hardware.

Esto nos lleva a los modelos generativos y los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) que son representaciones matemáticas construidas usualmente usando las técnicas anteriores. Y sí, estas piezas de software están detrás de lo que coloquialmente llamamos "IA".

La "IA": un discurso político

Sin embargo, limitar nuestra comprensión de la "IA" a tan sólo la inteligencia artificial y los modelos generativos es problemático. Primero, porque le da a la misma un halo de objetividad e imposibilidad de discusión por fuera del conocimiento experto. Y segundo porque sería un análisis sesgado e incompleto: lo que está detrás de la "IA" es un ecosistema mucho más complejo.

Primero, la "IA" es un conglomerado de unas pocas empresas9 ubicadas en el norte global que brindan servicios en torno a la generación de contenido multimedial (texto, imagen, audio, etc.). Para ello emplean un gran abanico de tecnologías (no sólo de inteligencia artificial), cuentan con una enorme infraestructura global de hardware organizada en centros de cómputo y consumen cantidades absurdas de energía10 y agua11 para regular su temperatura.

Segundo, la "IA" es inseparable de su principal insumo: los cuerpos de texto masivos, obtenidos mediante la exploración de todo el contenido público de internet, de libros12 e información privada y sensible, muchas veces obtenida de forma ilegal y rara vez otorgando reconocimiento ni regalías a sus autores.

Tercero, la "IA" es trabajo humano precarizado, dado que el proceso de producción de los cuerpos de texto antes mencionados está lejos de ser automático: se requieren equipos multitudinarios (generalmente uberizados, es decir, tercerizados y precarizados1314) encargados de revisar, clasificar y corregir estos datos. Es más, hay casos documentados en que la "IA" ha sido, literalmente, personas realizando en tiempo real el trabajo que supuestamente hacía una computadora15.

Cuarto, la "IA" es también una infraestructura legal, judicial y de lobby que permite la instalación de una agenda política global en torno a estas empresas. Ésta garantiza su protección ante evidentes violaciones a los derechos de autor16 y laborales y la operación de centro de cómputos en cualquier parte del mundo como si de enclaves territoriales se tratara.

Por último, la "IA" es un enfoque capitalista en el cual el conocimiento es mercancía: inteligencia colectiva que puede ser robada, extraída, sistematizada, cuantificada, almacenada, privatizada, concentrada y regurgitada, despojada de su historicidad y autoría, revendida infinitas veces y utilizada para automatizar el trabajo intelectual, incluso aquel que nos produce satisfacción y dignifica.

Esta visión nos propone un fetichismo del dato (renombrado a token, otro préstamo del vocabulario de los LLMs) en la que se lo desmaterializa de todo el sistema de producción: el hardware que lo computa y almacena, la fuerza de trabajo humana que produce a éste y a los datos iniciales, y la tierra, arrasada a lo largo de todo el proceso.

Cómo vemos, la "IA" es casi cualquier cosa menos inteligencia artificial: podríamos especular con que cualquier técnica computacional conocida a la que se le otorgara tales condiciones materiales podría igualmente arrojar resultados "sorprendentes". Quizás, incluso, con menor impacto social y medioambiental y mayor capacidad de resolver problemas reales, de interés para la sociedad y el pueblo trabajador y no para engrosar los bolsillos de unos pocos.

Por esto sería más preciso y conveniente no pensar a la "IA" como un concepto científico o tecnológico, sino como una construcción política, enraizada en la visión de la automatización y explotación capitalista. La "IA" es nombrada desde la política y en cualquier momento puede ser renombrada: qué mejor ejemplo si no el del propio Trump, que decretó que de ahora en más deba ser denominada "SI" (por las siglas en inglés de super inteligencia)17.

Ideas (políticas) para retrasar el fin del mundo

Entonces, ¿hay alternativa a reproducir y producir (para) el discurso de la "IA"? Si la "IA" es un planteo político, entonces las alternativas las deberemos buscar también en esa arena. Esbocemos algunas aproximaciones:

Primero, abandonar el supuesto de neutralidad tecnológica: ya sea desde las aulas18, los lugares de trabajo, la conversación académica o la comunicación periodística, necesitamos poner en el centro del debate que la misma se produce para intereses políticos y económicos específicos. No podemos hablar de la "IA" de sin tratar sus vínculos con el sistema capitalista, colonialista, racista19, patriarcal20, ni de las disputas geopolíticas en que se enmarca.

Segundo, construir y buscar nuevas bibliografías: necesitamos soltar la dependencia bibliográfica del norte global y del conocimiento producido por hombres blancos y personas cisgénero. Es imperioso también delimitar lo que es conocimiento académico (con toda la tela para cortar que eso conlleva) de la mera publicidad para empresas.

Tercero, tomar partido por las tecnologías libres y de código abierto: el software libre y de código abierto es aquel que podemos saber cómo funciona, usarlo de forma irrestricta, modificarlo, replicarlo21 y obtenerlo sin abonar una licencia. Por sí mismo no garantiza el acceso irrestricto, democrático y plenamente libre al cómputo, pero el uso de tecnologías propietarias (es decir, aquellas que no cumplen con las características anteriores) sólo profundiza estas brechas. Busquemos, divulguemos, utilicemos, enseñemos y produzcamos software libre.

Cuarto, no limitar las decisiones únicamente al costo: a la hora de producir, adquirir o utilizar tecnología informática (y en particular, consumir servicios de "IA") es frecuente basar las decisiones en el precio. Ocasionalmente, se contempla también la seguridad: que la información intercambiada con la organización que provee tal servicio no pueda ser accedida por terceros no autorizados por la misma. Esto es insuficiente; necesitamos correr la discusión al verdadero cuidado individual y colectivo de la información para hacer foco en la protección de datos personales y a la privacidad, pilares de la democracia22: si un servicio digital es muy económico o gratuito, en general tu información personal es la moneda de cambio23.

Quinto, demandar y profundizar la soberanía tecnológica: colocar la información del pueblo en organizaciones extraterritoriales es un problema grave, más aún cuando de datos sensibles se trata. Sin embargo, cuando la información crítica es regida por las reglas del mercado, aún cuando se trate de empresas locales controladas por leyes nacionales y provinciales, no podremos ejercer verdadera soberanía. Necesitamos reinterpretar el concepto de soberanía tecnológica más allá de los límites nacionalistas, para que la información esté en manos de las comunidades, del pueblo, de la clase trabajadora y estudiantil. Necesitamos urgentemente que todo proyecto digital crítico cuente con procesamiento y almacenamiento propio, a nivel nacional, provincial, comunitario.

Sexto, revalorar a nuestros datos personales: necesitamos romper el principio de "nada que ocultar" y poner al uso no consentido y robo de datos personales, elementos fundamentales para la construcción y realimentación de sistemas de "IA", como condición necesaria para la vigilancia digital y el establecimiento de tecno-totalitarismos24. Así, la protección de datos personales no es un lujo: es un derecho humano inalienable.

Séptimo, poner al impacto médico, cognitivo y psicológico en el centro de la discusión: usualmente el sistema de producción de software suele desestimar estos aspectos hasta que es demasiado tarde, tanto en lo que afecta a quienes usan la tecnología informática como a quienes la desarrollan.

Octavo, rematerializar la "IA", la nube y las tecnologías en general: usualmente se piensa al software como algo abstracto: inmaterial, lógico, que sólo existe en el plano conceptual. Necesitamos dar en cambio entidad, historia y a los datos que proporcionamos, una dimensión ecológica y social a la infraestructura física y una perspectiva política, de derechos humanos e interseccional (de género, raza, clase) a quienes conforman la fuerza de trabajo invisibilizada detrás de estas abstracciones.

Palabras finales

Ante la "IA" no basta con señalar la falta controles: la única crítica posible es radical, al sistema de producción y uso de la tecnología y el conocimiento. Dicho de otra forma, para entender y plantarnos ante la "IA", necesitamos reconocer que la producción de conocimiento y tecnología informática responde a lógicas productivistas, capitalistas, antropocéntricas, colonialistas y patriarcales.

Esto no debe servir para escudarse sino para plantear rupturas con las formas de pensar y producir conocimiento que nos han llevado hasta este lugar. Es imperioso construir nuevas narrativas o, mejor aún, recuperar las silenciadas pero que nunca nos abandonaron. Nuevas utopías y un proyecto vivo donde el sujeto histórico, sea finalmente, la vida y no la producción.

No hay más alternativa que poner al pensamiento creativo al servicio de la insurrección contra la opresión.

No hay más alternativa que buscar alternativa.


Referencias

16 https://www.derechoenzapatillas.com/2025/fallo-historico-sobre-ia-y-copyright-juez-valida-entrenamiento-de-anthropic-como-uso-justo-pero-condena-su-biblioteca-pirata/

17 https://www.rtve.es/noticias/20260930/trump-superinteligencia-ia-defiende-autorregulacion-magnates-tecnologicos/17246638.shtml

18 https://www.naranjacyt.org/articulos/codigo_de_guerra_ed_1_2026.html

19 Algorithms of oppression, Safiya Noble, New York University Press (2018), Introduction: the power of Algorithms

20 https://data-feminism.mitpress.mit.edu/pub/874jd7x/release/1

21 https://www.fsf.org/es/recursos/que-es-el-software-libre

22 Pulso Ambiental 26, ¿Qué esconde el Estado cuando utiliza la IA? Entrevista a Margarita Trovato (2026)

23 https://www.ellitoral.com/internacionales/aepd-agencia-espanola-proteccion-datos-worldcoin-datos-personales-escaneo-iris-mar-espana-sam-altman-criptomonedas-reguladores-privacidad-linea-legislacion-ue_0_kPEIjxSkz.html